La economía colaborativa ha destruido modelos empresariales tradicionales y ha creado, en tiempo récord, otros nuevos.

Fuente: www.colaborum.info

Sin embargo, muchos españoles quieren tener cada vez menos propiedades sin renunciar a la calidad de vida a la que están acostumbrados: ahí entra en juego la economía colaborativa. Al no poseer, sino compartir la cantidad de bienes a los que tenemos acceso, estos se multiplican y las oportunidades que se abren son muchas. Por eso, en los próximos años, nuestra forma de consumir, relacionarnos o trabajar se modificará aún más. Este nuevo sistema modelo ha destruido modelos empresariales tradicionales y ha creado, en tiempo récord, otros nuevos.

En ciudades como Valencia, Barcelona o Madrid la economía colaborativa está sobre todo visible en la movilidad, pero los recursos infrautilizados u ociosos pueden ser casas, asientos vacíos en coches, coches, habilidades, patrimonio, ideas, pensamientos o tiempo mediante un sistema de redes y mercados.

 

La corrupción estimula la economía colaborativa

Según el índice de corrupción de la organización Transparency International, España e Italia son los países que más sufren este lastre en la zona Euro, mientras el norte de Europa es bastante limpio.

Esto quizás también explique que en países como Alemania, que son según el gráfico de Transparency International menos corruptos que el resto de Europa, la idea del bien común o del consumo compartido está mucho menos extendida en la práctica porque el sistema político vigente cubre ya muchos aspectos sociales y ambientales. “Ayudarse entre vecinos o particulares se convierte así en una necesidad si el sistema público parece ineficiente y en el mercado tradicional hay poca competencia, como pasa en España en algunos sectores”, indica Abegg.

 

La crisis ha reforzado la economía colaborativa

Antoni Paz, de la Consultora KIM, recuerda que la economía colaborativa o consumo compartido no es una idea nueva: “Solamente ha renacido. Todas las sociedades humanas han compartido. El origen del concepto de economía colaborativa es reciente y se empezó a popularizar entre 2010 y 2011”. Está claro que a causa de la crisis financiera que sufre España desde 2008, la economía colaborativa ha tenido aquí más éxito que en países que no han sufrido tanto la crisis, como Alemania.

Mar Alarcón, fundadora de la plataforma de compartir coche SocialCar, defiende por ejemplo que cada uno debe tener un acceso a un vehículo: “Ofrecemos esto y además hacemos posible un ingreso extra a muchas familias que pasan a alquilar su segundo activo más relevante y costoso.”
Se crean nuevas startups

La empresa quizás más exitosa en este campo es Wallapop, una plataforma que funciona como un mercado de artículos de segunda mano. Fue fundada en plena crisis en 2013 en Barcelona. Pero también la española Cabify es un buen ejemplo de empresa del nuevo mundo de la economía colaborativa. La alternativa a Uber hace posible que personas que tienen coche pero no mucha formación tengan un trabajo estable compartiendo su coche con el cliente y con servicio de chófer. Otro ejemplo es Guruwalk, una plataforma ubicada en Valencia, donde se ofrece gratuitamente a los turistas paseos guiados por las ciudades. También el concepto de coworking ha entrado fuerte en España y ha causado hasta turbulencias en el mercado del alquiler y venta de espacios para oficinas por sus bajas rentas.

El boom de startups de economía colaborativa en España se explica también por el éxito del crowdfunding. “Los bancos tradicionales son todavía muy cautelosos con la cesión de créditos dado el todavía alto endeudamiento privado y público, eso explica que plataformas de fintech en España avancen rápidamente”, dice Javier Morillas, catedrático de la Universidad San Pablo CEU. En total, en 2017 se realizaron 1.700 operaciones que captaron 37,3 millones de euros, un 45% más que el año anterior.